CENTAURE 2016 Sommant (França)

La prueba de orientación a caballo más extrema del mundo, que se desarrola en las fechas más frías del año, en el fin de semana sin luna, se ha celebrado este año en Sommant, en el Parque Natural de Morvan, en la región francesa de Bourgogne, en casa del legendario Jean de Chatillon, ganador en más diez ediciones de Le Centaure.

Este 2016, el equipo de competición de Cavall de Mar lo formaban Emma Fauria y Sebastien Guilhermet; los dos ya habían participado, aunque por separado, en la edición del 2015 en Llagostera (Girona), donde Emma Fauria obtuvo la hebilla de bronce junto a Ricard Grabulosa.

El recorrido de Le Centaure 2016 fue todo un reto para jinetes y caballos, que tuvieron que cibrir un recorrido de 120 quilómetros en dos etapas, la primera de 65 y la segunda de 55, con un desnivel acumulado de 4800 metres, equivalente a la altura del Montblanc.

Esta edición contó con la participación de un total de 57 participantes, 6 individuales, 22 en la categoría de binomios y, como novedad por primera vez en un Centaure, dos equipos con más de dos binomios.

Por parte catalana, tomaron parte en esta mítica prueba dos equipos catalanes; el ya comentado que representaba a Cavall de Mar, que se presentó con el nombre de “Les Amigos” y estaba formado por Emma Fauria con Rafik y Sebastien Guilhermet con Quid; y el equipo “Les cigales braves”, formado por Jordi Llanos y Fosca del centro Binomis y Ricard Monfort con Zambra, que representava al centro Cavalls de Baldomar.

Sin contar los largos desplazamientos, la aventura empezó el viernes 4 de marzo a las 14:00 horas con el proceso de inscripciones. A las 18:00 se llevaron a cabo los controles veterinarios, suerados sin dificultad por todos los participantes. A las 20:00, la organización sirvió una cena par coger fuerzas con productos tñipicos de la zona, tal y como exige el guión de Le Centaure, que además de una prueba deportiva de élite, es una oportunidad para promocionar la región donde se celebra y su turismo ecuestre. Durante la cena, los nervios se iban intensificando y crecía la preocupación por el clima, con previsiones de lluvia, temporal de viento y nevadas.

A las 21:00h, los equipos entraban en la sala de mapas, donde tenían el primer encuentro con el trazado de la primera noche y descubrían el excelente trabajo de los trazadores, con muchos retos en forma de azimuts, desniveles importantes, y unos cuantos quilómetros de los que en princiio se habían previsto. Todo junto, hacía que en la sala de mapas se respiraba una tensión y una concentración máximas mientras los concursantes copiaban en sus mapas el recorrido.

Y a las 23:30 llegaba la hora de la verdad, bajo una suave lluvia salían los primeros participantes que se veían desaparecer entre los bosques oscuros y con las primeras rampas ya desde el primer momento. Además del clima adverso y cambiante, con temperaturas que oscilaban entre los cinco grados bajo cero y uno positivo, los concursantes tuvieron que encontrar su camino de trazado sinuoso y con muchas trampas que les invitaban a entrar mal en los controles o, directamente, saltarlos. Durante la noche, muy larga, los participantes se encontraron de todo: barro, zarzales, pendientes fuertes, pendientes suaves, giros laberínticos, viento, nieve, lluvia de todas las intensidades , ratos de cielo raso y frío paralizantey, en definitiva, todo aquello que pone a los equipos al límite y que hace de esta prueba una de las más duras del mundo del caballo.

Alrededor del quilómetro 40, ya con el sol asomando cuando las nubes se lo permetían, los participantes se encontraban con un avituallamiento en el pueblo de Anost donde los caballos tenían un descanso de 30 minutos y los jinetes podían reponer fuerzas con un copioso almuerzo. Además, la organización convoco a los acompañantes en este punto para que pudieran ver a los competidores de sus equipos. En este punto, los jinetes más rápidos llevaban ya un retraso de más de tres horas, y todos coincidían en comentar la belleza de los paisajes y la dureza técnica y física del recorrido. Mientras tanto, los cambios de clima se iban sucediendo, con episodios de nevadas fuertes. Saliendo de Anost, la sensación era que los participantes ya encaraban el final de la primera jornada, pero aún quedaban 16 quilómetros sin tregua que provocaban que los primeros jinetes regresaran al punto de salida pasadas las cuatro de la tarde del sábado.

Con muy poco tiempo para descansar, a las 18:00 empezaban las revisiones veterinarias. Mientras los jueces entraban los resultados para una primera clasificación provisional, las noticias de las bajas se iban sucediendo. De esta manera, a la segunda noche salieron a una nueva etapa un total de diecisiete equipos a partir de las 23:00 h. Otra vez, los trazadores ponían a prueba de nuevo la concentración y la capacidad física de jinetes y caballos. A lo largo de la segunda noche, las condiciones meteorológicas se encrudecieron, con nevadas que impedían ver los mapas y brújulas.

En principio, la segunda noche de Le Centaure es más corta y, por tanto, puede parecer más asequible. Pero en esta ocasión los trazadores y el clima no dieron tregua, y nuevamente se acumularon grandes retrasos, con los primeros acabando la prueba pasadas las diez de la mañana.

Le Centaure dejó a todos los participantes, acompañantes y organización con rostros de fatiga, pero en la comida del domingo previa a la entrega de premios, el sentimiento general era el de volver a encara la dureza de Le Centaure de nuevo el año que viene. Aquellos que este año no pudieron acabarlo eran los primeros en desear presentarse el próximo año. Por su parte, los que si finalizaron, se mostraban orgullosos y satisfechos.

En la entrega de premios, se dio a los trazadores una hebilla reconociéndoles su buen trabajo, y acto seguido se dieron los trofeos a los jinetes que completaron los 120 km y que los acreditan como auténticos Centauros. Las hebillas de los ganadores en categoría individual fueron para Eric Soeuvre, quien repitió la victoria ya conseguida el 2015; Emily Jolie, que ganó la plata, y Charles Rollin que ganó la de bronce.

En categoría de binomios, las primeras clasificadas fueron Les fines bulles, la hebilla de plata fue para Les uns team, y la de bronce para Est en ouest. La tercera hebilla quedó sólo a 8 puntos de los representantes de Cavall de Mar, que completaron una gran competición con una muy meritoria cuarta posición final.

Los dos equipos catalanes dejaron el pavellón muy alto. En el caso de Les cigales braves, hicieron un gran papel en la primera noche, con una octava posición parcial, pero una buena decisión tomada a tiempo hizo que decidieran no salir la segunda noche como precaución para sus yeguas.

Por su parte, el equipo de Cavall de Mar se mantuvo a un buen ritmo durante la competición; la primera noche acabaron novenos, y en la segunda tuviweron el sexto mejor resultado global, lo que les dejó a las puertas del podio.